Galería de fotografías de La Antilla e Islantilla, en Lepe (Huelva): atardeceres sobre el Atlántico, la playa, el paseo marítimo y la vida de la costa de la Luz. Fotos originales de Andrés Ramírez Lería. Explora por tema — atardeceres, playa, paseo marítimo — o filtra con las etiquetas.
El verano ya está aquí y #LaAntilla vuelve a llenarse de esas pequeñas costumbres que nunca cambian: chavales, ilusión y tesoros hechos a mano que convierten cualquier tarde en un recuerdo.
A las nueve y media de la noche, La Antilla tiene esa calma que no pertenece del todo al día ni todavía a la noche. El paseo marítimo se vuelve un lugar de regreso, de pasos lentos, de conversaciones sueltas y de esa luz dorada que hace que todo parezca quedarse un poco más en la memoria.
Antes de que el verano fuera escaparates, terrazas y paseo lleno, el Barrio de los Pescadores —El Carmen—, realizado en 1955, ya contaba otra manera de vivir cerca del mar. Esta entrada guarda algo de esa memoria sencilla, trabajada y blanca, todavía en pie bajo la luz de julio.
Los amaneceres de diciembre en La Antilla 2025. Olor a chimenea y mucho frío.
Donde pasa el día: A la hora del almuerzo, el paseo marítimo de #LaAntilla se convierte en un flujo continuo de historias breves: encuentros fugaces, pausas al sol y movimientos que cambian a cada ins
En la calle Céfiro, a principios de julio, una niña en patinete parece medir el verano a su manera: sin prisa, sin mirar atrás, con el mar al fondo y La Antilla abierta por delante. Hay escenas que no necesitan hacer ruido para quedarse.
El verano no siempre es postal perfecta; a veces es equilibrio, chanclas, una silla al hombro, media playa en una bolsa y la alegría intacta. Esa es la parte que más verdad tiene: la de quienes llegan al mar con lo necesario para quedarse un buen rato.
No sé si veníamos por la película, por la noche o por esa liturgia pequeña de traer la cena de casa y de la Avenida Castilla como si fuera parte del ritual. Pero entre Obsession, los bocatas calientes y el murmullo del cine de verano, La Antilla volvió a hacer lo que mejor sabe: convertir lo normal en recuerdo.
Marzo en #LaAntilla. La luz cae despacio y el paseo respira calma.
Donde pasa el día: A la hora del almuerzo, el paseo marítimo de #LaAntilla se convierte en un flujo continuo de historias breves: encuentros fugaces, pausas al sol y movimientos que cambian a cada ins
Volver de la playa al atardecer es una forma muy nuestra de medir el verano. No hace falta que pase nada extraordinario: una mano cogida, unas chanclas arrastrando arena, una silla plegable, una sombra larga sobre el paseo. A veces La Antilla se cuenta mejor en esos momentos en los que nadie posa y todo parece estar en su sitio.
Hay tardes que no necesitan mucho más: un poco de luz cayendo, manos que buscan algo pequeño y único, y esa calma de julio en la que La Antilla vuelve a parecer un lugar hecho para quedarse un rato más. Ayer, 5 de julio, entre abalorios, artesanía antillera y el fondo dorado de Islantilla, todo tenía ese aire sencillo de verano que no se fabrica.
Rubio no pertenece del todo a nadie, aunque todos lo sentimos un poco nuestro. El gato de Ari se ha ganado la calle Céfiro a su manera: con libertad, confianza y ese carácter tranquilo de quien sabe que ya forma parte del lugar.
#LaAntilla en marzo. Paseo, mar... y calma.
Donde pasa el día: A la hora del almuerzo, el paseo marítimo de #LaAntilla se convierte en un flujo continuo de historias breves: encuentros fugaces, pausas al sol y movimientos que cambian a cada ins