Hay tardes que no necesitan mucho más: un poco de luz cayendo, manos que buscan algo pequeño y único, y esa calma de julio en la que La Antilla vuelve a parecer un lugar hecho para quedarse un rato más. Ayer, 5 de julio, entre abalorios, artesanía antillera y el fondo dorado de Islantilla, todo tenía ese aire sencillo de verano que no se fabrica.
Hay tardes que no necesitan mucho más: un poco de luz cayendo, manos que buscan algo pequeño y único, y esa calma de julio en la que La Antilla vuelve a parecer un lugar hecho para quedarse un rato más. Ayer, 5 de julio, entre abalorios, artesanía antillera y el fondo dorado de Islantilla, todo tenía ese aire sencillo de verano que no se fabrica.