Rubio no pertenece del todo a nadie, aunque todos lo sentimos un poco nuestro. El gato de Ari se ha ganado la calle Céfiro a su manera: con libertad, confianza y ese carácter tranquilo de quien sabe que ya forma parte del lugar.
Rubio no pertenece del todo a nadie, aunque todos lo sentimos un poco nuestro. El gato de Ari se ha ganado la calle Céfiro a su manera: con libertad, confianza y ese carácter tranquilo de quien sabe que ya forma parte del lugar.