A veces no hace falta que ocurra nada. Basta con una pasarela vacía, una caseta frente al mar y esa luz suave del final de la tarde para que la escena se sostenga sola.
A veces no hace falta que ocurra nada. Basta con una pasarela vacía, una caseta frente al mar y esa luz suave del final de la tarde para que la escena se sostenga sola.