Desde 1981, algunas rutinas de verano siguen teniendo el mismo destino: una mesa, una luz encendida, algo dulce y esa forma tan antillera de alargar la noche sin prisa. Los Ángeles no es solo una heladería; es uno de esos pequeños rituales que hacen que volver a La Antilla tenga memoria.
Desde 1981, algunas rutinas de verano siguen teniendo el mismo destino: una mesa, una luz encendida, algo dulce y esa forma tan antillera de alargar la noche sin prisa. Los Ángeles no es solo una heladería; es uno de esos pequeños rituales que hacen que volver a La Antilla tenga memoria.