A principios de julio, cuando el día empieza a bajar y ya no hay horarios de colegio, el tiempo vuelve a pertenecerles. A las nueve, en la playa de la calle Céfiro, solo importan los amigos, el juego y esas tardes que parecen no tener prisa.
A principios de julio, cuando el día empieza a bajar y ya no hay horarios de colegio, el tiempo vuelve a pertenecerles. A las nueve, en la playa de la calle Céfiro, solo importan los amigos, el juego y esas tardes que parecen no tener prisa.